viernes, 26 de noviembre de 2010

Una Historia De Campo

La aldea no estaba tal y como la había dejado hace tantos años atrás, ni mucho menos, estaba peor. La falta de gente joven se hacía notar incluso en los pequeños detalles, exceptuando la calle mayor, las demás callejuelas estaban atestadas de hierbajos y arbustos que se abrían paso por falta de quién les pusiese freno. La mayoría de las cancelas estaban rotas o medio rotas, y no era raro ver adoquines fuera de su sitio, o bancos de madera que resistían en pie más por inercia que por otra cosa. Tampoco se libraban de tan mal estado las casas, la mayoría ya deshabitadas desde hacía años, era milagroso que algunas se mantuvieran en pie, pero la piedra era buena, como buenos fueron los maestros que las edificaron. Las personas caíamos antes pensó, y aún así algunos locos se atreven a seguir viviendo aquí, algunos locos como ahora yo, apostilló para sí mismo.
Se presentó en casa del tío Teo a la hora en punto de la cena, sentados ya en torno a la mesa se encontraba toda la familia, su tío, su mujer y una sobrina de esta que vivía con ellos desde hace unos años, Rosalía se llamaba, la familia no daba para más y gracias.
Nadie le dijo nada, apenas le miraron y si lo hicieron fue más por fastidio que por otra cosa, Rosalía en un gesto casi de cierta educación le indicó con unas bruscas palabras el sitio en donde sentarse -Puedes sentarte ahí si quieres- Y ya no abrió más la boca salvo para ingerir la suculenta cena a base de pan, chorizo crudo, morcillas y queso, para el tío Teo si había un par de huevos escalfados que devoró con ganas más que con apetito.
La cosa estaba cruda, se podría decir que éramos pocos y parió la abuela, seguro que al día siguiente cuando le entregara a su tío la bolsa con el dinero que su padre le había confiado para él las caras cambiarían, de momento, se conformaba con que lo acogieran, aquel lugar era tan lúgubre y siniestro que no le hacía gracia tener que dormir en soledad en la vieja casa de sus padres.
Al terminar la cena y con la excusa de estar muy cansado por el viaje, le preguntó a su tío en qué habitación dormiría, el viejo hombre, al escuchar semejante pregunta lo miró de una forma tan despectiva que le heló la sangre - Tú dormirás en la habitación de invitados, o lo que es lo mismo… en la cuadra de los animales con Rosalía, y ya de paso mira de empezar con buen pie, y le echas a la zagala un par de polvos, que yo ya estoy mayor para esas cosas, haber si por fin se cría algo en este asqueroso lugar que no sea miseria- La cosa no iba de guasa a pesar de la sonrisita de su tía, empezó a darse cuenta que la idea de irse a vivir al pueblo para tener tranquilidad y escribir por fin su novela no era tan buena, lo mismo la novela era él y sus aventuras, pero la cosa no empezaba nada bien. No señor.
Sin rechistar cogió su macuto y se fue camino de la cuadra, antes de salir de la casa escuchó a su tío que le decía - A las cabras no, que esas ya tienen buen macho que las monte, tú dale a la Rosalía, que buena falta le hace a la pobre un buen picholazo-
Aquello era de locos, salió y camino a su suite encendió un cigarro, miró al cielo y en silencio empezó a reconocer que su padre tenía razón, aquello no era para gentes de ciudad y su tío estaba peor que como se lo había descrito. Se fumó tranquilo el cigarro y entró en la cuadra, olía por supuesto a ganado que tiraba para atrás, y los animales lo recibieron casi con más expectación que su propia familia. Intentó buscar un interruptor pero una voz a sus espaldas le persuadió de su idea -aquí no hay luz eléctrica si eso es lo que buscas- Era Rosalía que además portaba un farolillo de gas, por lo menos algo verían se dijo. La muchacha abrió el camino con la tranquilidad de quién conoce por dónde pasa, él la siguió a sus espaldas. Al final de la cuadra unas escaleras llevaban a una estancia superior, allí la muchacha tenía su habitación, una cama y dos sillas viejas era todo el mobiliario. Le tocaría dormir en el suelo se dijo, pero una vez más, la voz de Rosalía retumbó en sus oídos -¿Qué parte de la cama te gusta más, la derecha o la izquierda?- La miró con sorpresa pero vio en el rostro de ella que no bromeaba -Tranquilo, a mi no me molesta, y si el tío dice que unos polvos, pues unos polvos, el pobre hace más de dos años que no puede hacer nada y yo de tirarme a los animales ya estoy harta, necesito un hombre, así que dejémonos de perder el tiempo que una servidora mañana se levanta a las cinco de la madrugada para ir con los animales al campo-
Ahora sí que lo de parir la abuela era cierto, parece que el primer capítulo de su novela ya estaba escrito y sin necesidad de papel y bolígrafo.
Si el tío decía que unos polvos, pues unos polvos. Un par en concreto. Esa noche aunque quisiera no podía más, pero eso sí ¡Qué dos polvos!
Su novela transcurría en el campo, quería que fuera algo de misterio o de terror, pero empezaba a pensar que el género erótico campestre también tenía su aquel, y más cuando por la mañana lo despertó su tía y sin cortarse un pelo se metió en la cama con él, y la muy zorrona le hizo una paja en toda regla. Solo quería comprobar si la munición estaba en regla para disparar, le dijo la señora antes de advertirle que su tío lo esperaría a medio día para comer y hablar de ciertos asuntos, ella tenía cosas que hacer, pero que no dudase de que, tras la comprobación de que la pólvora estaba en perfecto estado, ya llegaría el momento de pegar unos tiros.
Eso fue el acabose…

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4 comentarios:

  1. muy buen relato, me recuerda a esa españa profunda , pero muy, muy profunda jaja...

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  2. Yo no creo que hubiera una España tan profunda pero oye, lo dicho...sigues dejándome helá.

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  3. nara:
    Hay una España más profunda aún, por desgracia...
    Mª Teresa Martín González:
    Me alegro que te guste. Me gusta escribir de forma directa, de forma divertida ya no sé si lo consigo.
    Mi amiga Ania.
    Me encanta tu forma de ser, lo mismo te leo y pareces la mayor de las sabias de este planeta, que te sorprenden mis relatos.

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