miércoles, 8 de diciembre de 2010

La derrota

Al llegar a la puerta observó que alguien se había dejado la llave en la cerradura, estuvo tentado a girarla y entrar sin llamar, pero se contuvo por temor a las consecuencias. Llenó de aire sus pulmones y pulsó el timbre para avisar de su llegada. Con el sonido del aparatito, su corazón se lanzó a una carrera de pulsaciones que lo dejó sumido en un estado de ansiedad. No sabía qué se encontraría ni las consecuencias de aquella visita, pero el primer paso ya estaba dado. Observó a través de la cristalera de la puerta principal como al otro extremo alguien abría la puerta de madera que separaba la cocina del recibidor, supuso que aquella figura era la de su madre que, a buen seguro, no sospechaba encontrárselo allí plantado. La figura abrió confiada la puerta de la calle sin preguntar quién había llamado y, en efecto, era su madre quien se encontraba en frente suyo con una expresión que no necesitaba de palabras para expresar su sorpresa, su rostro desencajado mostraba que aquella visita no era de su agrado. -¿Qué haces aquí?- Le preguntó con firmeza. Sus ojos demostraban todo el asco que sentía por él, su propio hijo. He venido a despedirme, me voy de aquí en apenas un par de horas y creí oportuno que lo supieras. -Te has ido tantas veces ya, que una más no extrañaría a nadie, así que por una vez bien pudieras cumplir con tu palabra e irte, pero para siempre-. Su madre reafirmó así su indiferencia hacia él y con actitud de desprecio bien medido le dedicó una sonrisa sarcástica.
No te preocupes, esta vez te cumpliré el gusto, me voy a Canadá con una empresa de prospección, he firmado por cinco años para trabajar en plataformas petrolíferas y no tengo intención de regresar, solo pasaba para decírtelo y que te quedases a gusto, supongo que no nos volveremos a ver. Adiós madre.
Su madre le cerró la puerta en sus narices como única contestación, él pulsó inmediatamente el timbre para advertirle que la llave estaba en la cerradura, -Vete al diablo- le escuchó gritar al otro lado. ¡Vete tú a la mierda zorra! Solo quería decirte que tienes la llave en la cerradura. Su madre abrió la puerta para comprobar que era cierto, retiró la llave y volvió a cerrar la puerta, esta vez con virulencia. Su visita había terminado con las consecuencias predecibles, su madre nunca lo había querido ni él había ayudado a que lo quisiese.
Hacía frio en la calle y seguro se pondría a llover en seguida, las nubes amenazaban tormenta, así que se caló bien la gorra de marinero que tanto le gustaba, abotonó hasta arriba el chubasquero y con las manos en los bolsillos dio media vuelta y emprendió su camino hacia la carretera general. No tenía prisa ni tabaco para aplacar la ansiedad provocada por aquel encuentro, tampoco odio, solo llevaba un equipaje cargado de fracasos y una identidad que a nadie importaba ya, como si se moría allí mismo que a nadie le dolería, ni nadie le reclamaría para enterrarlo dignamente.
Lo del contrato por cinco años había quedado excesivo pensó, su madre no se lo había creído, ni siquiera él, y ese era uno de sus problemas, siempre improvisaba y a las bravas, sin término medio. Así había logrado que nadie lo creyese, se había convertido en un pobre desgraciado, como le había dicho su ex novia, Susana, la única persona que le había querido de verdad y a la que él echó de su vida con sus continuas mentiras y falsas esperanzas. Al final lo había dejado para salir con otro, un buen chico trabajador que le daría un hogar, o eso era lo que ella había excusado la noche que le dio puerta.
La lluvia comenzó a caer lentamente sobre aquel desdichado Domingo. Le esperaba un chaparrón de los buenos pero no tenía intención de buscar refugio, demasiadas paradas en su vida como para seguir buscando cobijo. Pensó que no le vendría mal mojarse un poco y quizás un alma caritativa le parase si se decidía hacer auto stop, pero de momento le apetecía caminar así, bajo la lluvia, pensando en su vida, en lo terriblemente solo que se sentía y en ese vacío que le alimentaba una pena incomprendida que siempre había sido suya, desde el mismo momento de su nacimiento. Intentó recordar si alguna vez había sido feliz, no un rato o un día entero, si no feliz durante una época prolongada. Feliz como otros decían sentirse, pero feliz era una palabra que no había llegado a comprender y mucho menos experimentar su significado. Era un desgraciado, un hombre solo, joven pero viejo ya de malgastar todas sus oportunidades, un hombre que lloraba sin saberlo mientras caminaba bajo la lluvia. Un hombre roto por la vida.
Al tercer trueno comprendió que el baño sería prolongado, pero por una vez se sonrió y quitó hierro a las circunstancias de su desgracia. Sus ropas de agua eran buenas y apenas dejaban traspasar las gotas de lluvia hacía el interior. Se sentía abrigado por una vez. Un hombre que caminaba bajo la lluvia con aquella decisión no podía ser un perdedor, se dijo a sí mismo, además, por una vez en su vida tenía muy claro la dirección a seguir: Hacia ninguna parte, como siempre había hecho durante toda su vida, así que caminó con toda la decisión que un hombre solo y derrotado puede llegar a tener, caminó tanto, que con sus pasos consiguió borrar todos los recuerdos de su vida y ya nadie supo jamás si en verdad alguna vez aquel hombre había existido.


16 comentarios:

  1. Nosotros labramos y dirigimos el destino que más nos apecete...nada es absoluto, ni siquiera la desgracia.

    Muy buen relato,si señor.

    Besiños.

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  2. Triste historia.

    Me ha encantado el relato.

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  3. Fantástico el relato, me encanta el díalogo, la narración y lo comprensión del mismo. Que bueno escribir sobre lo que en realidad somos. Cada cual hacemos de nuestra vida lo que en función de la personalidad, nos va. La meta ya es otra cosa, es cuestión de saber enfocar y ver si la trayectoria que llevas es la adecuada o no. Dado que la libertad plena, no existe... excepto en los sueños. Pero acá demuestras que aunque hagamos lo que deseamos no es siempre lo que más nos apetece en un presente absoluto, ni en un futuro inmediato.

    Unha aperta moi forte.

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  4. Muy buen relato, las mentiras no llegan a ningun lado y acaban por minar hasta las relaciones más fuertes.

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  5. http://aneledemoniosfuera.blogspot.com/

    Quiero opinarte si tu me opinas.

    Barbacoa.
    ;)

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  6. Ufff, querido. La soledad envuelve el relato del principio al final. Es como si con el final pudieras conectar el inicio, y el inicio llevara de nuevo al final.
    Magistral trazado temporal, y muy buen esquema de sentimientos. Casi se trata de un perfecto monólogo.

    Me ha encantado.

    Un beso

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  7. Es un conmovedor relato. Y la lluvia final me ha gustado mucho.

    Saludos muchos.

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  8. Tendré que volver, porque tengo que dedicarme. Es que al venir a un ciber, voy limitada. Voy haciendo. Un beso,

    Andri

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  9. Muy buen relato,una vida minada por un entresijo de mentiras que acaban en la más absoluta de las soledades, en la pérdida de uno mismo.
    Un abrazo.

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  10. ...triste pero esperado final para una vida basada en mentiras !!

    un abrazo.

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  11. Anele, eso que dices y haces está muy feo.

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  12. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  13. María dijo...

    Es un relato extraño. Un ser perdido entre las sombras de los fracasos propios y ajenos.
    A veces la vida pide un ejericio de introspección para poder caminar de nuevo.
    El protagonista de tu relato, camina y camina caliente entre sus frustraciones... seguro que encontrará una meta.
    Un abrazo.

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  14. Ha sigo genial. Un relato magnífico sobre la relación materno-filial tan importante en la vida de cualquier persona. Un relato muy imaginativo y que atrapa. Te felicito.

    Eu gosto. Un bico.

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  15. Quiero decirte que el relato es muy bueno, es de ese tipo que me eriza los pelos. Esta es la parte que me llegó hondo: "un hombre que lloraba sin saberlo mientras caminaba bajo la lluvia. Un hombre roto por la vida.
    Al tercer trueno comprendió que el baño sería prolongado, pero por una vez se sonrió y quitó hierro a las circunstancias de su desgracia. Sus ropas de agua eran buenas y apenas dejaban traspasar las gotas de lluvia hacía el interior. Se sentía abrigado por una vez. Un hombre que caminaba bajo la lluvia con aquella decisión no podía ser un perdedor, se dijo a sí mismo, además, por una vez en su vida tenía muy claro la dirección a seguir: Hacia ninguna parte, como siempre había hecho durante toda su vida, así que caminó con toda la decisión que un hombre solo y derrotado puede llegar a tener, caminó tanto, que con sus pasos consiguió borrar todos los recuerdos de su vida y ya nadie supo jamás si en verdad alguna vez aquel hombre había existido".

    Adoro esa sensación que deja a uno en una especie de vacío donde todo está contenido en la nada.

    Un abrazo muy fuerte. Me canta leerte y que me consideres tu lectora, pues eso me da ganas de serlo, aunque las ganas de ser tu lectora son fáciles de tener por tus letras. Finas y de profundidad.

    Andri

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  16. Hermoso relato!
    Recién paso por este rincón!
    Un gusto leete siempre.
    Saludos. Diego.

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